Influenza: el mérito de Oaxaca
Publicado por Jaime Martínez Bowness en Mayo 17, 2009
De vez en cuando me detengo y pienso en todas las cosas a mi alrededor que fueron hechas posibles por personas –miles y miles de ellas– a quienes nunca conoceré: desde el auto que manejo y la iMac con que escribo estas palabras hasta el medicamento que tomo para las migrañas que ocasionalmente padezco… o las vacunas que recibí de chico y a las que millones debemos la vida. Muchas de estas contribuciones vienen desde milenios atrás y otras desde remotas esquinas del planeta. Muchas se dieron a costa de una altísimo precio personal, como lo hace patente este artículo sobre los héroes que en 2003 dieron sus vidas para identificar y combatir el brote del coronavirus del SARS.
Pero sobretodo, la mayoría de estas contribuciones ha ocurrido sin que muchos nos demos cuenta.

Oaxaca: donde comenzó todo
Anoche supe de los médicos y laboratoristas oaxaqueños que, hace escasas semanas, hicieron posible la detección temprana de una nueva variante del virus de la influenza en suelo nacional. Como todos, había escuchado en las noticias que el brote había surgido en Oaxaca, pero no conocía los detalles de la historia.
La saga comenzó en un hospital público carente de su propio laboratorio pero con personal lo suficientemente sensato para tomar muestras de una paciente con una sintomatología inusual y enviarlas con prisa a un laboratorio externo en la misma ciudad de Oaxaca. El diagnóstico inicial no fue totalmente acertado –se pensó que el brote era de SARS o “influenza aviar” cuando en realidad era de “influenza porcina”–, pero sí fue lo bastante preciso, y sobretodo oportuno, para detonar una seria de acciones que alertaron a las autoridades y finalmente ayudaron a salvar muchas vidas.
Como siempre, el caso revela lo que funcionó bien –y hay que reforzar– y lo que no: la primera defunción se dio en la mujer de quien se tomaron las muestras que dieron positivas para el virus de la influenza. Cuatro diferentes médicos le habían dicho, antes de que llegara tambaleándose al hospital, que lo suyo era una mera infección en las vías respiratorias. El propio staff del hospital primero pensó que se trataba de una neumonía. Por otra parte, una vez que se quisieron analizar las muestras del paciente, el hospital –público e importante en la ciudad– no contaba con su propio laboratorio; hubo que recurrir a uno externo. Este laboratorio a su vez faxeó sus alarmantes hallazgos de vuelta al hospital el domingo… pero nadie leyó el fax hasta el lunes en la mañana (y uno se pregunta por qué el laboratorista no contaba con una forma de alertar de inmediato a su cliente; el resultado de las pruebas lo ameritaba). Y finalmente estos resultados tuvieron que ser enviados a la Secretaría de Salud en la Ciudad de México y de ahí a laboratorios en Canadá y Atlanta para que fuesen oficiales, pasos que habrían sido innecesarios si México contara con sus propias instalaciones de calidad mundial para estos casos. No obstante, en lo que eran “peras o perones”, la Secretaría de Salud del estado de Oaxaca reaccionó ante los resultados del laboratorio local e inmediatamente acordonó varias secciones del hospital, designó a un equipo de médicos para que entrevistaran a los familiares de la paciente –que para entonces estaba a punto de fallecer, como lo hizo– y rastrearan otros posibles casos de contagio en todo el estado. Aquí también se actuó con rapidez y decisión aún cuando no se contaba con toda la información, y las autoridades médicas del estado han sido correctamente reconocidas por ello.
El tip sobre el mérito de los médicos oaxaqueños en el Hospital General Dr. Arturo Valdivieso me lo dio Ernesto García, mi socio en Nuovaterra. Crónicas más extensas sobre el caso pueden leerse aquí y aquí.


Influenza: la historia oaxaqueña « 54pesos escribió
[...] ¿Qué más se cuenta sobre la historia de la detección del virus a-h1n1? Visite: [...]
Patricia Bowness escribió
En su programa de CNN, Fareed Zakaria (creo que tambien es editor de Newsweek)dijo que Mexico merecía una ovación y un Gracias del resto del mundo por su reacción ante este brote, aún a costa de su propia economía.